José Serrano García

Director y Co-fundador

Comenzaré por decir que nunca me gustó estudiar de la manera más clásica: sentado frente a un libro durante horas y horas forzando a mi entendimiento a realizar tareas de memorización que no le corresponden, con el objetivo de intentar absorber conocimiento. Ello no me dio los mejores resultados pues, si bien resultó que yo era capaz de repetir (partes) de lo que había leído, en realidad no había comprendido ni la mitad. Lo confieso: los resultados, reflejados en las notas académicas, demostraron que yo no encajaba en aquel sistema. Lo sorprendente es que, aún con aquel sistema fallido (para mí), yo pude superarlo: logré graduarme de un colegio muy exigente, en la especialidad de física y matemáticas, para después obtener la licenciatura en Derecho, si bien no garantizo que haya comprendido ni la mitad de ambos periodos.

Por suerte a día de hoy existen distintos modelos de educación que no se basan en aquella capacidad de memoria ni en la repetición. Lastimosamente yo no tuve esa suerte y, dada mi edad, ya no soy parte del “target” de esas esas novedosas formas de aprendizaje dirigidas a las generaciones más jóvenes.

Por definición la improvisación es hacer algo sin tenerlo previsto o preparado. Sin embargo ello no debe inducirnos a error pues, aunque mucha gente goce de esa capacidad innata, la improvisación requiere de mucha preparación. La Improvisación se entrena. Por añadir un mínimo contexto a la Improvisación, diré que su germen se encuentra en el teatro. Fue un método utilizado ya desde la antigua Grecia para la creación del texto y el estudio de los personajes. Acercándonos al presente, podemos aseverar que sus progenitores contemporáneos son Keith Johnstone y Viola Spolin, allá por la década de 1970.

Mi primer contacto con las maravillas de la improvisación se produjo hace ya casi una década, aproximándome desde el ámbito teatral. Hasta entonces nunca había hecho teatro más allá de una obra en el colegio cuando tenía trece años, así que mi experiencia teatral era nula. Sin embargo la improvisación es tan generosa que no es necesario cumplir con ningún tipo de formación específica. De inmediato descubrí la riqueza que aquel método escondía, pues ya no se trataba de estudiar con libros, apuntes y notas, sino de aprender a través de la vivencia, de las infinitas experiencias que te ofrece. Sin duda yo absorbo el conocimiento mucho mejor cuando lo vivo y no cuando lo memorizo, así que aquel método me encajó perfectamente. Dejé entonces que la improvisación hiciera su trabajo y se expandiera dentro de mí, impactando a nivel personal, completo: abarcando todo. Gracias a la improvisación regresaron las ganas de seguir aprendiendo y, desde que tuve mi primer contacto, no he dejado de hacer Impro. Ni siquiera me planteo dejarlo.

Defino así a la improvisación como la preparación, a través de un conjunto de técnicas, para transmitir una idea de manera coherente, sirviéndonos de los medios de los que disponemos y partiendo del estímulo inmediato. El elemento esencial y característico de la Impro es el estímulo inmediato sobre el cuál estamos llamados a reaccionar. Es inherente a su existencia, tanto que sin él sería una charla, una conferencia, un monólogo. En fin, un acto preparado y cerrado.

Como abogado y emprendedor, he interiorizado y trasladado los aprendizajes que he recibido en cerca de 10 años como actor de Impro, recibiendo esta oportunidad como una práctica inmejorable para fluir en los comportamientos que son mi fortaleza, para manejar mejor mis emociones, para ejercitarme en ser flexible ante circunstancias cambiantes, para saber tomar la iniciativa, para generar propuestas de forma clara utilizando todos los recursos de mi lenguaje verbal y corporal; y ante todo, el infinito valor que tiene saber Escuchar en todas mis interacciones profesionales. Sí, Escuchar con mayúscula.

Entrenando la improvisación de manera regular aprendí a discernir, en cada momento, qué respuesta o acción resulta más apropiada para conseguir un determinado objetivo y también empecé a disfrutar mucho más de las situaciones en las que no tengo el control porque aprendí a adaptarme y a buscar nuevas respuestas ante situaciones inesperadas. De esta forma, aquello que antes era una herramienta, ahora se ha transformado en un fin por sí mismo.

Si quiere volverte a enamorar del aprendizaje, y anhelas descubrir todas aquellas habilidades y capacidades humanas que hubieras deseado te enseñaran en la Universidad, te invito a que experimentes la Impro!


José Serrano García

Director y Co-fundador

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